que otorgaste a san Juan Evangelista
el don de vislumbrar
el misterio de tu insondable corazón,
concédenos a sus devotos
el impulso que necesitamos
para no desfallecer en la tarea
de acercarnos cada día
un poco más a Ti.
la alegría de saber que somos tus hijos
y que, pase lo que pase,
aunque la noche sea oscura,
siempre vela por nosotros
el astro luminoso de tu amor.
limpios de corazón,
atentos a tu voluntad,
compasivos y comprensivos con nuestros hermanos,
para que, siguiendo el ejemplo
de Santa María Magdalena,
seamos capaces de rechazar el pecado,
padre de la división y de la tristeza,
y merecer el paraíso que prometiste
a quienes siguen tus enseñanzas.
Por los siglos de los siglos. Amén.
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