CUARTA PARTE
CENIZAS EN EL ALMA
Por los campos de la vida
siembro amor a voleo,
después retorno a mi siembra
y solamente veo zarzas,
abrojos y espinas.
¡Ni un grano de trigo bueno
llegó a germinar en los campos
que sembré con tanto empeño!
¿DÓNDE ESTÁ TU DULZURA?
Dulzura encuentro en tus ojos
y dulzura encuentro en tu voz,
dulzura encuentro en tus labios...,
pero ¿dónde no tienes dulzura?
Y una voz me dice bajito:
¡sólo en su corazón!
SUEÑOS DE AYER
¿Por qué no se realizó
lo que nosotros soñamos?,
¿por qué los días corrieron,
las primaveras pasaron
sin retorno, de aquel sueño
que de niños soñamos?
¿Por qué el estío llegó
con su gran calor,
arrasando las flores de una ilusión
que en otoño murió,
y el invierno malvado
en aquel mundo de amor entró
dejándolo todo helado?
¿Por qué no se realizó
lo que nosotros soñamos?
¡Días de primaveras hermosas
y de almendros rosados!
¡Las primaveras se fueron,
y con ellas nuestros sueños dorados!
MIS VERSOS TAMBIÉN SE FUERON
Quiero correr, madre,
como corre el tiempo...,
coger esta hora y guardarla
con cariño grande
en mi cuartito secreto.
Y volver otra vez
al palacio del tiempo
y sacar una a una
todas las horas vividas
y ¡vivirlas de nuevo!
Quiero vivir esos años,
¡mis años!, que formaron
las horas tan corriendo.
Y volver otra vez a la vida
lo que hoy son lejanos recuerdos.
Y escribir otra vez mis versos.
Aquellos versos que fueron quemados
se esfumaron y se fueron
como las horas y los años
más felices y buenos.
Eran mis vivencias
grabadas en papel
con lágrimas, suspiros,
sonrisas y besos.
Eran hijos del alma,
que nacieron
en primaveras alegres
o en la paz tranquila
de mi soñado convento.
¡Eran humanos y divinos!
Eran tierra y eran cielo.
Se fueron también, madre,
se fueron mis versos
con los años, con las horas,
con el fuego...
quiero correr con el tiempo
y coger cada minuto,
formar las horas, los días
que cayeron
tal vez en la Eternidad
o en el abismo del tiempo.
¡Volver con todas mis vivencias,
mis amistades,
todas las cosas buenas y malas
que volaron como el viento!
Mis alegrías y mis penas,
mis arrebatos de cólera,
mis horas de tristeza,
de soledades humanas
y de sublimes silencios...
Quiero escribir nuevamente
mis pasadas horas, reescribir
con sonrisas, con lágrimas,
o con sangre
mis quemados versos.
Ellos fueron mi vida.
Fueron los más dulces momentos.
Mis versos quemados
con las horas y los años
también se esfumaron
y se fueron.
ES MI CIELO
¿Es verdad que siento
la soledad en mi pecho?
¡Sí, Dios mío! ¡Es verdad!
Es verdad que me ahoga
como un cordel en mi cuello.
Cuando miro a un lado y a otro
y no veo la sonrisa amable
en sus labios,
ni la mirada amorosa
en sus ojos,
ni la mano que se tiende
fuerte y protectora,
ni la voz dulce que envuelve
como en un velo
mis días, mis horas, mis sueños.
Es verdad que siento ahora
la soledad en mi pecho,
y me ahoga
como un cordel en mi cuello.
Y es verdad que la soledad
me está minando por dentro
como la carcoma que roe,
y con el tiempo
se ha comido lo mejor,
destruyendo lo más bueno,
lo que guardo con cariño
en lo más profundo del pecho.
Sí, dentro de mí,
en mi mundo interior, ahí
donde solamente la soledad y Dios
penetraron y están dentro.
En Él tengo mi fe y mi esperanza,
y el tiempo no impedirá
que viva con alegría en mis ojos,
la sonrisa en mis labios,
mientras siga viviendo.
Mas la soledad que siento hoy
no es soledad, no.
¡Es mi cielo!
POR UN PEDAZO DE CIELO
Pregonero que vas pregonando
tus valiosas mercancías,
dime si entre ellas llevas
algunas horas perdidas.
No las vendas, te lo ruego,
las compro al precio que digas.
No las pregones, pregonero,
las horas esas son mías.
Las perdí una a una,
y hoy, al final de mi vida,
las necesito, pregonero,
para venderlas al Buen Dios
por un pedazo de cielo.
¡Pregonero que vas pregonando
tus valiosas mercancías,
a peso de oro te pago
esas horas perdidas!
LLORA EN SILENCIO
¿Por qué te cruzaste en mi camino,
vieja amistad olvidada?
¿Por qué hiciste renacer
otra vez en mi pecho
una esperanza
de que aún me quedaba en la tierra
una amistad noble y blanca?
Pasaron unos minutos
...muy largos,
y una voz interior
me gritó, dulce y clara:
"Es un sueño, un espejismo,
¡no la aceptes!
Echa el velo del olvido
una vez más, y así
que llore en silencio tu alma".
¡CUÁNTO FRÍO PRESIENTO!
El otoño es mi mejor amigo,
y en su ambiente soy feliz,
con mucha paz, y sin deseos...
Mi alma vive su otoño
como un suspiro de Dios
que penetra muy profundo
aquí, en mi pecho y en mi vida,
caminando sin agobios
los dos juntos hacia el cielo.
El otoño de mi vida
es ya un dulce sueño,
profundo, tranquilo.
El estío, de exaltadas pasiones,
se alejó, dejando sólo
un inmenso vacío y silencio.
Este otoño pasará también
y caerá en el vacío
insondable de lo eterno.
Y entonces empezará a nacer,
cruel, frío y despiadado, el invierno,
el invierno de mi vida.
¡Dios mío! ¡Cuánto frío presiento!
Y cuando llegue ese día,
calienta tú, Señor, mi cuerpo,
barro gastado y deshecho.
Calienta tú mi vida, tan pobre
en vivencias y realidades,
pero rica en pasiones y deseos.
¡Siento ya los pasos del invierno
que, taimado, a mí se aproxima...!
El invierno de mi vida,
¡Dios mío!, ¡qué cerca lo tengo!
NO TE ENCUENTRO, AMISTAD
¿Qué eres, amistad?
¿Eres luz o eres fuego?,
¿eres bondad sincera
o falsedad y misterio?
¿Qué eres, amistad?
¿Eres de Dios?,
¿eres ángel bueno?,
¿o eres lobo escondido
en la piel de un cordero?
¿Dónde estás, amistad?
No te encuentro.
Tú eres perfume del alma,
eres la perla o margarita
que en el Evangelio
predicó un día en la tierra
el buen Maestro.
¡Sí, la amistad es así!
Eres luz y eres bondad,
y eres perfume de cielo,
mas en la tierra tú no naces.
¿Tu semilla se cultiva
solamente entre los buenos?
¿Dónde te escondes, amistad?
¡En la tierra no te encuentro!
NADA
Cierro los ojos y miro hacia dentro.
Mi mundo lo encuentro sumido
en un profundo silencio.
Con los ojos del alma recorro
los rincones apartados y bellos.
¡No hay nada! Huellas no han dejado
las vivencias, rosas o blancas,
hermosas o feas, que allí nacieron.
No han quedado ni cenizas.
Ni los ecos del repique de campanas
que tocaron un día, muy alegres,
ahí dentro.
¡NO ME AMENACES!
¡No me amenaces, por favor!
Basta ya de amenazas
y de quejas.
Basta ya de "que estás harto
de complicaciones
sin tener por qué,
de disgustos,
de problemas que no te atañen...".
¡Basta ya!, te digo hoy.
No quiero más palabras groseras.
Hasta ayer fuiste mi dueño,
¡algo más: mi rey!, ¡no!,
¡algo más: fuiste mi dios!
Y yo sólo tu esclava
por amor, tu sierva.
Pero hoy algo se ha roto;
mejor dicho: tú has roto
mi ilusión que en ti,
¡mi dios!, puse.
¡La esperanza en mi dios
y mi vida entera...!
Tantos años,
tantos momentos felices,
vividos y recordados
después en mi soledad,
esperando así un día y otro día.
Esperando así una eternidad
de horas muertas
que han caído en el vacío,
en el vacío del corazón,
para siempre.
Esas horas ya han pasado,
y ese tiempo ya no cuenta.
Me han dejado algo.
¿Qué? ¡Nada!
Ni huellas, ni esperanza.
No han dejado ni el valor
para el odio o la tristeza.
¡Ya no me amenaces más!
Tu última amenaza
lo ha roto todo.
El velo se ha corrido
para siempre, hecho jirones,
y así mis sentimientos,
que ya no existen.
Y el velo, al romperse,
me mostró a ti,
mi dios... tan grosero,
de barro... tan hiriente,
tan fiero en sus amenazas
con su sierva.
Y caí bajo el hielo de tus palabras
para morir olvidando
un cielo de ilusiones
que tuve antes,
¡y un infierno de soledad
que me espera!
EL INVIERNO EN MI VIDA
En mi mundo penetró
una tarde, sin quererlo;
tal vez sea..., ¡Dios mío!,
la estación del invierno.
Su frío va ocupando
los rincones de mi huerto,
y ese frío va helando
las flores que nacieron
en alegres primaveras
y otoños dorados, muy bellos.
El invierno penetró en mi mundo.
Ya no es posible
evadirlo ni alejarlo
o detenerlo.
Va avanzando paso a paso,
tan frío, tan triste,
tan oscuro y siniestro...
Me ha helado la sangre
que circula por mi cuerpo.
¿Por qué siento terror
-me pregunto-
en este invierno?
¿Por qué no quiero
que se aproxime a mi cuerpo?
¿Por qué no quiero,
y me opongo
a que acaricie su frialdad,
su aliento, mi rostro
amoratado por el miedo?
Ya es el invierno
de mi vida.
Así es..., lo presiento.
Adiós, pues, mi dulce otoño
de dorados sueños,
vividos en primavera
con estivales fuegos,
fuegos de amores
humanos y divinos,
porque soy tierra y cielo.
¡Adiós, mi dulce otoño,
cálido, amable y sereno!
El invierno penetró
impasible en mi cuerpo,
su frío va avanzando
y helando está ya mi huerto.
¡Mi rostro está amoratado
por el miedo!
¡Adiós, mi dulce otoño!
¡Qué frío más grande siento!
ÍNDICE
PRESENTACIÓN
RECUERDO A REGINA
POEMA PRELIMINAR
1.- Como las olas del mar
POR LOS CAMINOS DEL CORAZÓN
2.- Han vuelto los recuerdos
3.- Remar contra corriente
4.- Nostalgia
5.- No hay tiempo
6.- Risa silenciosa
7.- Volar muy lejos
8.- Beso tus manos, carpintero
9.- ¡Cuántos muertos!
10.- Un camino imaginario
11.- Llorando va de tristeza
12.- Amores y recuerdos
13.- Requiem por los árboles de mi pueblo
14.- Mis canciones las cantan las estrellas
15.- Canción del viento
16.- ¡Despiértalas, campanero!
17.- ¡Era tan bonito...!
18.- Quiero la tormenta
19.- Un rayo de luz
20.- Hojas doradas
NECESIDAD DE DIOS
21.- Un ramillete de flores
22.- Vagando dulcemente
23.- Fe y esperanza
24.- Señor, ¡más fe!
25.- ¡Te necesito, Señor!
26.- Borrasca
27.- ¡Quédate, Señor!
EN LA HOGUERA DEL AMOR28.- Amor puro
29.- Escribir tu nombre
30.- Tú siempre estás
31.- Pienso en ti
32.- Lo daría todo
33.- El agua del río
34.- Tu amor
35.- No cambio nada
36.- Noche
37.- Atardecer
38.- Confesión, ¿para qué?
CENIZAS EN EL ALMA
39.- Ni un grano
40.- ¿Dónde está tu dulzura?
41.- Sueños de ayer
42.- Mis versos también se fueron
43.- Es mi cielo
44.- Por un pedazo de cielo
45.- Llora en silencio
46.- ¡Cuánto frío presiento!
47.- No te encuentro, amistad
48.- Nada
49.- ¡No me amenaces!
50.- El invierno de mi vida
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