DEDICATORIA

 

En esta tarde quieta, bajo el sol del ocaso,

el corazón evoca los amores de antaño

y aquellas esperanzas que fueron, paso a paso,

cayendo en el regazo sin fe del desengaño.

 

Ha dejado la lluvia diminutos cristales

sobre las verdes hojas del huerto florecido,

y el aroma que flota por entre los rosales

despierta los recuerdos que huyeron al olvido.

 

Mi espíritu, cansado de acunar la tristeza,

se embelesa gozando la frescura del aura

y leyendo los versos cuajados de belleza

que ha puesto ante mis ojos la musa azul de Laura.