EN LA MUERTE DE JOSÉ GARCÍA DE LA SERRANA

No se ha muerto José, porque morirse
es renunciar a Dios y a la esperanza,
y él supo, como saben los creyentes,
que la vida, con fe, nunca se acaba.

No se ha muerto José. Marchó al encuentro
de aquella mujer buena que lo amaba.
Ya están juntos de nuevo y para siempre
en donde no hay tristeza ni nostalgia.

Dichosos los que un día conocieron
que sólo en Dios el júbilo se alcanza,
y buscan a la luz de las estrellas
para la sed de amor divinas aguas.

Y vosotros, sus hijos, su familia,
no manchéis su recuerdo con las lágrimas.
Morir es encontrarse en un instante
con todo lo soñado, cara a cara.

Él fue bueno. ¡Qué más podrá decirse
de un hombre! Junto a Dios ahora descansa.
Ojalá que nosotros conquistemos
igual felicidad a nuestras almas.


(7-junio-2004)